El juego en el consultorio.

Actualizado: 8 may 2020
Se me ha ocurrido escribir brevemente acerca de esto para aclarar o dar una idea sobre lo que se produce cuando una persona asiste por primera vez, aunque cada vez que asiste sería una primera vez, al consultorio de un psicólogo.
Quisiera empezar aclarando esto de que toda asistencia es una primera vez, existen consultas donde se sigue un hilo de trabajo, donde lo que se quedó en la anterior sesión se continúa en la siguiente, son totalmente válidas. Sin embargo, en mi trabajo me gusta creer que cada sesión es un comienzo, pues en todas sale algo nuevo, una nueva posición, una nueva demanda, precisamente, un nuevo inicio.
Cada vez que una persona entra en el consultorio de un psicólogo empieza un movimiento, ¿de qué le gustaría hablar? ¿de qué necesita hablar? ¿quiere hablar?
Existen casos donde las personas asisten con un discurso un poco estudiado a consulta “voy a hablar de esto”, pero puede ser que ese discurso dure cinco minutos, y no se sepa que más decir durante la sesión o que simplemente el discurso ya no haga sentido en ese momento. Ese estudio del discurso creo que hace referencia a la disponibilidad del sujeto en el tiempo, disponibilidad para él mismo analizar lo que necesita decir, lo que necesita jugar, lo que necesita expresar.
Es visible una limitación, sobre todo de los adultos, a jugar con lo inhibido, con lo que no se puede o quiere decir, puede ser porque no quieren romper el discurso armado o por una cuestión de no lanzarse a hablar de lo que realmente quieren hablar. Pero, cuando se disponen a trabajar ellos mismos y en esta posición que adoptan, se podría decir que existen avances en el trabajo.
Esto me lleva a pensar en la posición del psicólogo dentro del espacio. Generalmente, los pacientes asisten porque se ven envueltos en un conflicto, de cualquier índole. El trabajo del psicólogo es precisamente enfrentarlo con ese conflicto, no solucionárselo.
Es notorio que las personas van a consulta atribuyéndonos a los psicólogos un saber, pero justamente en esta atribución debe entrar nuestra ética, porque no se le debe decir nunca al otro que hacer. Reconocer eso es reconocer el poder sugestivo que podría llegar a tener un psicólogo, al atribuirnos un saber, nos atribuyen también un poder, que, si no se trabaja éticamente, podría acabar en manipulación.
Aquello me recuerda una frase de Lacan, “se dirige la cura, no las personas”. El psicólogo debe saber posicionarse frente a este paciente, acompañarlo en el enfrentamiento del conflicto, porque no se trata de resolverlo por él ni decirle el cómo. Se trata de ayudarle a adoptar una posición frente al conflicto que le resulte más soportable. Esto dirigiendo el espacio, brindando ayuda, apoyo y escucha, pero nunca dirigiendo a la persona.
Entonces, este movimiento que se crea dentro de la consulta, implica muchas cosas que me gustaría abordar más adelante en el tiempo. Pero por ahora me quedo con la idea de que he expuesto brevemente el trabajo del paciente y del psicólogo.
Me parece que todo lo dicho se condensa en lo siguiente: en consulta se le debe permitir al otro jugar, y nunca permitirse jugar con él.
Psi. Cl. Samantha Zurita
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